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Louise Dahl-Wolfe, con estilo propio

31 agosto, 2016

PHOTOESPAÑA2016 nos ha hecho muy felices a los amantes de fotografía de moda al traer una de las exposiciones más maravillosas que podíamos imaginar: Louise Dahl-Wolfe. ¿No te viene a la mente ninguna de sus icónicas imágenes? Tranquilo, sigue leyendo que para empezar te recuerdo una de las más míticas del archivo de Conde Nast. 

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Louise Dahl-Wolfe (San Francisco, 1895 – Nueva Jersey, 1989) fue una de las grandes fotógrafas norteamericanas que modernizó la fotografía de moda de su tiempo, además del retrato hollywoodiense. Sus imágenes de moda compitieron con las de prestigiosos fotografos de la época como Edward Steichen, Horst P. Horst, George Hoyningen-Huene, Irving Penn o Martin Munkácsi e influyeron en otros, como Richard Avedon.

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Louise nació en San Francisco en 1895 en el seno de una familia de inmigrantes noruegos. En 1914 comienza sus estudios en el San Francisco Institute of Art, lo que la dotó de una gran destreza en el uso y empleo del color.Tras la muerte de su padre en 1919, comienza a trabajar como creadora de anuncios luminosos adentrándose en el mundo de la fotografía en 1921 animada por la fotógrafa Annie W. Bridgman, complementando aún más su perfil al realizar estudios de interiorismo en Nueva York en 1923. En un viaje a Túnez en 1928 traba amistad con el escultor Meyer Mike Wolfe, con quien contrae matrimonio en Nueva York ese mismo año. En 1930 el matrimonio se traslada a San Francisco donde entablan relación con Dorothea Lange y Edward Weston. Ese mismo año Louise pasa a dedicarse a la fotografía profesional de forma definitiva. En 1933 regresan de nuevo a Nueva York, donde publica su primera fotografía en Vanity Fair, “Tennesse Mountain Woman”.

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El grueso de su carrera fotográfica lo desarrolla entre 1936 y 1958, años en los que trabajó para la revista Harper’s Bazaar. En ese lapso, la revista americana le publicó más de 600 fotografías en color, 86 portadas y cerca de 3.000 fotografías en blanco y negro. Dahl-Wolfe tuvo la suerte de coincidir con un gran equipo: Carmel Snow, editora jefe, Alexey Brodovitch, director de arte y la gran Diana Vreeland, editora de moda.

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Cuando en 1936 Louise Dahl-Wolfe entró a trabajar en Harper’s Bazaar, la fotografía de moda estaba todavía en un estado incipiente y, por tanto, quedaba espacio para la innovación. Condé Nast, dueño de Vogue, introdujo la fotografía en las revistas de moda americanas y Baron Adolphe de Meyer, que trabajaba para las revistas Vogue y Vanity Fair, fue en buena medida el responsable de transformar el retrato de sociedad en fotografía de moda. De Meyer se había unido a Harper’s Bazaar en 1922 pero , cuando llegó Carmel Snow en 1932, sus fotografías de moda, vaporosas, suaves, suntuosamente decoradas, se habían quedado en buena medida anticuadas. Con el nuevo equipo, la revista se orientó en la búsqueda de un nuevo look acorde con una imagen nueva y moderna de la mujer.image

En ese contexto, Dahl-Wolfe entró en la revista y se le abrió todo un mundo de posibilidades. Experimentó con la fotografía de moda en blanco y negro y en color y fue una de las primeras en hacer fotografía de moda en localizaciones exteriores, situándolas en emplazamientos diversos (Arizona, desierto de California, Miami, Hawái…) y llevando a sus modelos a lugares alejados, situados en África del Norte (Kairouan, Hammamet), América (México, Cuba…) o Europa (España, París, Italia…).

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Louise poseía una gran maestría en el uso del color, algo que tuvo mucho que ver con los estudios de pintura y teoría del color que realizó entre 1914 y 1919 en el San Francisco Institute of Art. Fue capaz de convertir las páginas de color en un “festín sinfónico“, como señalaba Vicki Goldberg: “Podía armonizar colores complementarios, haciendo que los rojos y verdes apagados fueran tan sonoros como un concierto de oboe. Podía conjurar armonías con las combinaciones más sorprendentes – violeta y siena quemado, verde oliva y palidísimo naranja”. Según Goldberg, Dahl-Wolfe liberó al color de convenciones y timidez y asoció el ideal estadounidense de una integridad natural con la dimensión europea de la elegancia. Incluso a día de hoy, sus imágenes continúan pareciendo una pequeña anticipación de su época.imageimage

A Dahl-Wolfe le gustaba dominar todo el proceso de trabajo: desde el diseño en el estudio y la selección de los espacios hasta la impresión final por cuatricomía de la revista. A menudo se producían cambios entre la toma y el resultado final en la página impresa de la revista. Desde 1937, en que hizo su primera fotografía en color para la revista, y con la ayuda que le proporcionó la aparición del film Kodachrome ese mismo año, Louise corrigió todas sus pruebas y trabajó con el impresor para controlar que la página impresa se mantuviera fiel a su visión. Fue consciente de que en ese momento la fotografía en color, con excepción del trabajo que Anton Bruehl realizaba para House and Garden Vogue, todavía era bastante primitiva y se esmeraba para que las fotografías en color lucieran en todo su esplendor. Su tratamiento del color, muy popular entre algunas de las empresas de publicidad de la época, obtuvo reconocimiento al serle ortogada la medalla en 1939 y el premio en 1941 del Art Directors Club of New York.

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Durante su trabajo en Harper’s Bazaar Louise Dahl-Wolfe tuvo la ocasión de trabajar en el retrato, algo que junto con los bodegones siempre quiso hacer y a lo que ya se había dedicado durante su estancia en Tennesse en 1932. En 1938, Harper’s la envió, por primera vez, a Hollywood para retratar a estrellas de cine. En esa época seguían imperando los retratos de estudio, que fabricaban iconos y dispensaban glamour a base de focos y todo tipo de retoques. Ello le dio la oportunidad de experimentar también con el retrato hollywodiense, utilizando luz natural y hacendo posar a sus retratados en localizaciones exteriores. A partir de ese momento, Dahl-Wolfe fue enviada a Hollywood cada año para retratar a los grandes nombres de la creciente industria cinematográfica.

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Retrató a numerosos actores y actrices, como Vivien Leigh, Marlene Dietrich, Carole Lombard, Bette Davis, Ginger Rogers, Orson Welles o Charles Boyer, sacándolos del estudio y fotografiándolos al aire libre y con luz natural con su Rolleiflex. Los retratos relamidos y artificiales a los que acostumbraba la industria del cine, haciendo de los actores y actrices ídolos inalcanzables, pasaron a ser, en manos de Dahl-Wolfe, sencillos retratos de personas famosas. En 1943, tras fotografiar a Betty Bacall y aparecer en la portada de Harper’s Bazaar, la joven modelo de 17 años fue descubierta por el director de cine Howard Hawks, quien firmó un contrato con ella, le cambió el nombre por Lauren y le dio el papel en su película Tener y no tener (1944), protagonizada por Humphrey Bogart. Fue el comienzo de su gran carrera como actriz.

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El retrato fue un género que la artista continuó frecuentando a lo largo de su carrera y que no se redujo a los actores y actrices de Hollywood, ya que también recibió encargos regulares para retratar a candidatos políticos y personajes de la cultura y el arte. Dramaturgos, compositores, artistas, directores de cine, escritores, poetas, cantantes pasaron por su cámara, a veces de forma individual y otras en pareja: Jean Cocteau, Colette, Lotte Lenya y Kurt Weill, Christopher Isherwood y W.H. Auden, Edward Hopper, Isamu Noguchi, Carson McCullers, André Malraux, Yves Montand… En estos retratos se percibe la comodidad de sus modelos, que posan ante la cámara de forma natural.

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Tras su retiro en 1960, su obra se sume en el olvido hasta la década de lo 80s en que publica su libro de memorias A Photographer’s Scrapbook, 1984 y, es animada por Stanley Wise a exponer en su galería de Nueva York. A partir de ahí, comienza el reconocimiento y su obra es objeto de exposiciones a lo largo y ancho de todo el país. Y no hay mejor despedida que una selección de las obras expuestas que os dejo a continuación.

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Pablo Paniagua
Exquisitas fotografías de moda con un enfoque único.
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Pablo Paniagua

Pablo Paniagua

Exquisitas fotografías de moda con un enfoque único.

1 comentario
  • Maite

    1 octubre, 2016 at 9:25 pm Responder

    Muy interesante!

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